Ish-á. Proyecto de Reciprocidad

 

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Mujeres En La Iglesia: ¿les Abrirá Espacio Francisco?



 

Verónica Toller

Las mujeres tenemos un “papel especial” en la Iglesia, dijo hace muy poco, en abril pasado, nuestro papa Francisco. Para muchos, estas palabras suyas preanuncian que habrá cambios importantes en el gobierno católico, con inclusión de mujeres en ministerios y secretarías.

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¿Habrá sido ese su metamensaje? ¿Anunciar cambios en el gobierno de la Iglesia, con inclusión de mayor número de mujeres? No sería extraño que Francisco sí esté pensando en aumentar la participación de la mujer. En cuanto a estas frases en concreto, creo que, fiel a su estilo, el papa Francisco estaba hablando a corazón abierto, con honestidad intelectual y con la sabiduría y sencillez de los buenos hijos de Dios. Las mujeres son fundamentales para transmitir la fe, nos dijo. “Están impulsadas por el amor y saben recibir este anuncio con fe: creen e inmediatamente lo transmiten, no se lo guardan para sí. La alegría de saber que Jesús está vivo y la esperanza que llena sus corazones no se puede contener. Esto debería suceder también en nuestra vida”, sostuvo en abril. "Las mujeres tuvieron y tienen un papel primordial, fundamental" en la  historia de la Iglesia, repitió, una “bella misión”: “las mujeres, madres y abuelas que llevan ese testimonio a los hijos y nietos[1].  

Y con su lenguaje de gestos, el Jueves Santo, Francisco decidió incluir mujeres en el tradicional lavado de los pies, cuando tradicionalmente solo se seleccionaba a varones (detalle que le valió la crítica de algunos). El gesto de Francisco continúa los pasos ya iniciados por Juan Pablo II y Bendicto XVI, quienes hablaron del "genio femenino" e impulsaron cambios concretos. Wojtyla produjo la primera encíclica exclusivamente acerca del ser y la dignidad de la mujer (Mulieris Dignitatem); nombró en 1994 a la jurista norteamericana Mary Ann Glendon, actual embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, como Presidente de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales; en 2003, a la italiana Leticia Ermini Pani al frente de la Academia pontifica de Arqueología, y en 2004 a una laica alemana, Barbara Hallensleben, y una religiosa estadounidense, Sara Butler, dentro de la Comisión Teológica Internacional.

Benedicto XVI siguió por esa senda y avanzó más aún.

            «En efecto, en el cristianismo, más que en cualquier otra religión, la mujer tiene desde los orígenes un estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de sus importantes aspectos (...); es evidente que la mujer está llamada a formar parte de la estructura viva y operante del Cristianismo de un modo tan prominente que acaso no se hayan todavía puesto en evidencia todas sus virtualidades»[2].

Las mujeres siempre hemos sabido que nuestro lugar está junto al corazón de Jesús. Desde Marta y María hasta la pequeña Teresita (proclamada ejemplo de los jóvenes en la JMJ de 1997, en París, por Juan Pablo II); las patronas de Europa: Edith Stein, Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena; las grandes doctoras: Santa Teresa del Niño Jesús, la misma Catalina de Siena, Teresa de ávila e Hildegarda de Bingem[3] (esta última, nombrada Doctora de la Iglesia por Benedicto hace menos de un año; una mujer muy medieval del siglo 12 y muy increíble: monja, teóloga, consejera política de reyes, sanadora, música y compositora, escritora, cosmóloga, artista, dramaturga, lingüista, naturalista, filósofa, poetisa, profetisa). Y tantas otras.

            Desde el Proyecto de Reciprocidad varón-mujer “Ish-á” en el que venimos trabajando desde hace un año en la universidad UPAEP de Puebla, creemos que “en la vida de la Iglesia se tiene que asegurar la co-presencia y la participación activa de varones y mujeres en el interior de la comunidad cristiana para el bien y edificación común”, según se puede leer en nuestro Documento Base[4]. Es importante asimismo que promovamos la participación de mujeres profesionales con una profunda formación en la fe que, con su liderazgo y capacitación, puedan aportar en las instituciones eclesiales (parroquia, diócesis) y, sobre todo, en la sociedad.

Si miramos nuestras parroquias, vemos que las mujeres son su fuerza vital, están en la primera, segunda, tercera y última fila. Incluso, mucho más que los varones. Podemos decir lo mismo en educación, instituciones, visitas a enfermos, pastoral carcelaria: he visto siempre allí más mujeres que varones. Y hay cuatro veces más monjas que curas en el mundo. En mi caso, crecí en una parroquia con mucha efervescencia de adolescentes y jóvenes, de matrimonios, participación de niños, catequistas, grupos de Cáritas, pastoral de la música, visitas a enfermos, trabajo con los más pobres, Acción Católica, grupos de Cursillistas… Con mayor número y presencia de mujeres. Organizando, dirigiendo, pensando…

En cambio, en los niveles de gobierno de la iglesia, ya sean nacionales, regionales o del propio Vaticano, falta más presencia femenina. Las estructuras son mayoritariamente masculinas por número de protagonistas y por su visión del mundo. Creo que se trata de una resistencia más bien tradicional que termina por convertirse en una resistencia estructural. Pero no inamovible. Ya lo dijeron nuestros pastores reunidos en el Concilio Vaticano II: “Llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del evangelio pueden ayudar mucho a que la humanidad no decaiga” [5].

Por el contrario, en los últimos años y con gran impulso de Benedicto XVI (quien pidió a los obispos que no obstaculicen el crecimiento del liderazgo femenino), las mujeres han ganado terreno dentro de la curia romana.

            Algunos datos rápidos: para 2006, las mujeres componían el 16% de los empleos pontificios (según la periodista austríaca Gudrun Sailer, autora del libro 'Frauen im Vatikan', Mujeres en el Vaticano). Actualmente, hay unos 4 mil cardenales, obispos, sacerdotes y laicos varones en los despachos y oficinas de la Santa Sede. En tanto, trabajan allí entre 700 y 800 mujeres. Ninguna en primera o segunda línea de gobierno.

            ¿Es, entonces, que debemos promover una "cuota rosa" o “ley de cupo femenino” dentro de la Iglesia? No. Seguimos al que nos habló de amor, no de números o reglas; de valoración y respeto hacia las capacidades propias de cada uno. Pero es ese mismo amor el que debe conducir a la Iglesia a una mayor equidad, a impulsar la formación teológica, cultural y humana de la mujer actual. "El número no es lo que cambia las cosas; el genio femenino se debe aportar no solo en la Iglesia sino en el mundo, para vivir una reconciliación y una reciprocidad entre las mujeres y los hombres de nuestro tiempo", dijo en 2008 la teóloga Rocío Figueroa Alvear cuando era encargada del área Mujer en el Vaticano[6]; hoy, Coordinadora responsable del Proyecto de Reciprocidad “Ish-á”.

En 2006, entrevistado antes de un viaje a Baviera, Benedicto XVI invitó a una mayor presencia de la mujer en la Iglesia: «creo que las mismas mujeres, con su empuje y su fuerza, con su superioridad, con aquella que definiría su “potencia espiritual”, sabrán hacerse espacio. Y nosotros deberemos intentar ponernos a la escucha de Dios para no impedirlo. Es más, nos alegramos de que obtengan en la Iglesia el pleno lugar de eficacia que les conviene», dijo. «Hoy, están bien presentes también en los Dicasterios de la Santa Sede», apuntó[7]. Una realidad cierta que podría ser más significativa.

¿Necesitamos una Pastoral de Mujeres? ¿Es que hay una Pastoral especial de los Hombres? Intuyo que, más bien, necesitamos abrir mentes acordes a los cambios de los tiempos que, paradójicamente, cuanto más renovadores aparecen, más vuelven a las raíces: fue Jesús el primero que puso en un lugar de relieve a las mujeres dentro del trabajo apostólico. Desde el Proyecto de Reciprocidad “Ish-á” hablamos de asumir “la igualdad y la diferencia»[8]. Ya no podemos seguir pensando el tema per se de la mujer sino plantear la reflexión y especialmente la acción en torno a la uni-dualidad y la comunión de varón y mujer. Y, desde allí, comprender lo propiamente femenino y masculino y el aporte que cada persona única debe y puede ofrecer al mundo. Dios es comunidad. Dios es familia, es comunicación, es convivencia. Nos creó a su imagen y nos creó varón y mujer: uomo e donna lo creó, dijo Juan Pablo II[9]. Es decir: mujer y varón LO creó, no LOS creó. Dios pensó al ser humano como varón y mujer desde el principio, no como varón al que luego le ideó una compañera. Ambos somos “el hombre” que Dios creó. Juntos. A la par.

 

(*) Verónica Toller, profesora de la FD, es actualmente Coordinadora de Vinculación y Comunicación en el Proyecto de Reciprocidad varón-mujer “Ish-á” de la Universidad UPAEP, Puebla, México.

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[1] Papa Francisco destaca el “papel especial” de la mujer en la Iglesia. Noticia de la agencia AFP, 3 de abril de 2013. En http://evangelizadorasdelosapostoles.wordpress.com/2013/04/03/papa-francisco-destaca-el-papel-especial-de-la-mujer-en-la-iglesia/ Consultada el 23 de abril de 2013.

[2] Discurso a las participantes en el C.N. del C. italiano Femenino, PABLO VI. 6 de diciembre de 1976. También, JUAN PABLO II, casi al inicio de su Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, lo reitera en su Cita 8.

[3] Ver: Hildegarda de Bingen: dentro y más allá del siglo de oro del Medioevo. Giulia Paola Di Nicola y Attilio Danese. http://www.laici.va/content/laici/es/sezioni/donna/tema-del-mese/ottobre-2012---ildegarda-di-bingen-dentro-e-oltre-il-secolo-doro.html - Consultada el día 23 de abril de 2013

[4] Cfr. Documento Base. Proyecto de Reciprocidad Ish-á, Instituto de Formación, UPAEP, Puebla, México. Octubre de 2012.

[5] Mensaje del Concilio a las Mujeres, 8 de diciembre de 1965: AAS 58,1966 13-14

[6] Enarbola Vaticano ''genio femenino'' contra guerra. Notimex. Domingo, 9 de Marzo de 2008.

[7] Entrevista al Santo Padre Benedicto XV en previsión de su próximo viaje a Baviera, 5/08/2006.

[8] Documento Base. Proyecto de Reciprocidad Ish-á, Instituto de Formación, UPAEP, Puebla, México. Octubre 2012.

[9] Uomo e donna lo creò. Catechesi sull’amore umano. Giovanni Paolo II. En lengua española: Hombre y mujer lo creó. Ediciones Cristiandad S.A., Madrid 2000. 

23/05/2013