Ish-á. Proyecto de Reciprocidad

 

Contacto | Enlaces de Interés | Políticas de Privacidad | Mapa del Sitio
 
Buscar:
Facebook Correo
Inicio | Noticias | Cursos | Artículos de interés | Agenda | Colaboradores | Alianzas Estratégicas | Comité Científico | Historia

 

Navidad RecÍproca, Cambio De Paradigmas



 

Equipo De Ish-á

 

                Llega la Navidad. Podemos vivirla como una fiesta más, como un año más en torno al árbol y los regalos y los brindis. O podemos vivir una Navidad llena de reciprocidad.

ALGUNOS TIPS PARA RENOVAR LA NAVIDAD

1 -  La familia de Nazareth nos presenta un modelo interesante de Reciprocidad. Vemos en ellos cómo los roles no son rígidos sino que hay un intercambio y flexibilidad entre madre, padre e hijo. La Navidad nos aporta, además, un cambio radical de paradigmas, muchos de los cuales creemos muy modernos y, sin embargo, vienen de dos mil años atrás.

2 - El ángel deja en manos de María la decisión de aceptar ser la madre del Redentor. Observamos allí un cambio total en la función de la madre.

3 – José, en el momento de la prueba, tiene sus dudas serias sobre María. Y no se trataba de dudas infundadas: Ella se le aparece embarazada. Eran dudas que afectan directamente la vida de una pareja. Las dudas sobre la fidelidad. Ayudado por una fuerza sobrenatural, hace un voto de confianza en María. Una confianza que lo dejó varias noches insomnes y que no le debe haber sido fácil. Pero, dado el amor que sentía por Ella y evidentemente ayudado por el mensaje del ángel, confía en su amada.

4 – Cuando su esposo duda, ¿qué hace Ella? No leemos en el Evangelio reclamos por parte de María o acusaciones o defensas impositivas. Todo se vive en un profundo clima de libertad. José se queda con ella también desde su libertad.

5 - La relación con Jesús, a su vez, también nos apunta a un cambio en la relación entre padres e hijos. El niño, a los 12 años, toma una decisión que a los ojos de María resultaba incongruente: desaparecer e irse a hablar con los doctores. A esa edad, ya era consciente de su misión y sabía que debía ocuparse de las cosas de su Padre. No tiene problema en dialogar con su madre y en oponerse a sus reclamos. Vemos el total respeto que tiene Ella por su Hijo, aunque no llega a entenderlo. Muchas veces, no nos es fácil aceptar el misterio de la persona que tenemos delante, que es el misterio de nuestro propio hijo. Aceptar que nunca lo vamos a entender completamente, ni sus razones ni sus motivaciones ni algunas de sus actitudes. Pero, tras iluminar los padres el discernimiento, no queda sino aceptar con humildad y respeto las decisiones que los hijos con madurez vayan tomando. Sin tratar de manipularlos. Evidentemente, cuando son menores de edad, pueden decidir sobre cosas inocuas. En caso contrario, las decisiones corresponden directamente a los padres, que actuarán en base a la virtud del discernimiento y la prudencia.

¿JESúS O PAPá NOEL?

Muchos de nosotros recordamos navidades de Niño-Dios. No de Papá Noel. Y recordamos (ayer y hoy) oración en la mesa de Nochebuena.

Para el árbol, luces, colores, estrellas. Un ángel sobre el pesebre.

Hoy, podemos buscar afanosamente angelitos para el árbol de Navidad y difícilmente encontremos. Año tras año lo mismo.

No: en platos, servilletas, manteles, está Papá Noel. Vasos decorados, globos navideños, vidrieras, películas. “La magia de la Navidad”, sintetiza Hollywood. Es un personaje afable, bonachón, buenazo, que habla de virtudes y cosas buenas. Pero con toda su simpatía, es un usurpador: se quedó con una fiesta que no es suya. Ni siquiera se recuerda hoy el origen de esta costumbre (el obispo San Nicolás).

“Santa” nos ha desplazado a Jesús, es cierto. Pero todos nosotros, como sociedad, lo dejamos. Dónde ha quedado Jesús. Dónde María con su sacrificio y su necesidad de posada. Dónde José con su hombría de bien, su fortaleza (qué gran hombre debe haber sido para que el mismo Dios lo eligiera como su padre adoptivo). Dónde la estrella (la luz de Dios que nos marca el camino). Dónde los pastores (Dios viene a todos, empezando por los humildes), los reyes (y siguiendo por los gentiles, los científicos, los sabios, los ricos, las gentes de todas las razas).

Pongamos a Jesús de nuevo en el centro: es su cumpleaños.

Participemos de pesebres vivientes, vayamos en familia a rezar a un templo, digamos la bendición de la mesa navideña, agreguemos a los regalos una tarjetita que lleve la Palabra de Dios en Nochebuena. Volvamos al origen. Es Navidad. Es el Nacimiento.     

SOLIDARIDAD

Una buena práctica que algunas familias, ONGs y parroquias hacen en Nochebuena es la de compartir los bienes. Desde días o semanas antes, se organizan, arman listas de familias necesitadas (se puede averiguar con los grupos de Cáritas: siempre tienen muy en claro quién es quién y qué necesita) y proponen un menú navideño. En cajas o canastas se coloca lo mismo; hemos visto menús con un pollo, un kilo de papas, una sidra, un pan dulce, turrones, confites, una botella de vino… La mañana del 24, se reparten, para que más familias puedan compartir una mesa navideña de fiesta.

Hay otras solidaridades que podemos poner a los pies de Jesús. Invitar a alguien que esté solo a cenar con nosotros. Perdonar a quien nos ha herido; pedir perdón a quien lastimamos. Escuchar al más pesado (pero que necesita que lo conforten con dos oídos). Sonreír. Servir. Cantar. Alegrar. Y especialmente, en cada lugar de trabajo, en cada familia, en oficinas, comercios, escuelas: poner justicia, poner don, poner verdad.

ENTONCES…

El cumpleaños ya llega. La fiesta está adentro de cada uno de nosotros, y es para compartirla. Recordemos quién es el protagonista del momento. Démosle un lugar a Jesús. él ya nos tiene reservado uno desde el principio de los tiempos. Abramos la puerta a los que sufren, a los que están solos. Compartamos los bienes materiales con los que pasan necesidades. Comprometámonos a ser parte de la transformación que se necesita.

Después de todo… es Navidad.

18/12/2012