Ish-á. Proyecto de Reciprocidad

 

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Ser papá y ser mamá en casa y en el trabajo: ¡cómo conciliarlos?



 

Verónica Toller

El 26 de junio pasado estuvimos en Buenos Aires compartiendo con jóvenes universitarios y profesionales. En un simpático after office organizado por Grupo Sólido, conversamos sobre reciprocidad, personalismo, familia, amor, pareja. Y no faltaron aportes acerca del lugar que ocupan hoy la mujer y el varón tanto dentro del hogar como en el mundo del trabajo.

RECIPROCIDAD es asumir las igualdades y comprender las diferencias, solemos decir desde Ish-á. Es la maravilla de la uni-dualidad, comunión de varón y mujer, comprender lo propiamente femenino y masculino. Por eso, hablamos a y del varón, y no solamente a y de la dignidad de la mujer. Se trata de pensar y comprender a varón y mujer, aportando juntos a la construcción de una cultura más humana y solidaria.

RECIPROCIDAD TRABAJO-EMPRESAS-MUJER

Si buscamos esa cultura más humana y solidaria, entenderemos que reciprocidad es, entre otras cosas, plantearnos cambios en las relaciones laborales. Entre ellas, elaborar mejor la conciliación familia-trabajo (que tan bien estudian y proponen desde el IESE de la Universidad de Navarra en España, y desde el IES de la Universidad Austral, en Argentina). “Las mujeres se insertaron en un espacio productivo pensado para trabajadores (masculinos) sin responsabilidades familiares. Y no se hizo suficiente hincapié en lo que el trabajo de cuidado aportaba a la vida familiar, al mercado, al Estado y a la sociedad” (Astelarra, 2007: 10. Citado por el Observatorio de la Mujer – Argentina,  anuario 2010). Dicho de otra manera: el funcionamiento de las sociedades hoy sigue confiando a la mujer la tarea de ser cuidadora-educadora-encargada de la familia, ancianos, discapacitados y enfermos, dentro del hogar. A la vez, la mujer hoy es profesional y trabajadora fuera del hogar. Las sociedades “todavía suponen que hay una persona dentro del hogar dedicada completamente al cuidado de la familia. Los horarios escolares y de los servicios públicos de hecho no son compatibles con los de una familia en la que todas las personas adultas trabajan remuneradamente” (OIT informe de 2009).

Entonces, reconocer el valor del trabajo femenino y de la maternidad significará reconocer también la necesidad de condiciones diferenciales para las mujeres en el mundo laboral. "Conciliar la maternidad con el trabajo es el problema social contemporáneo más importante. Las mujeres están incorporadas al trabajo definitivamente, falta que el sistema laboral sea compatible con la familia", afirma Irene Meler, Foro de Psicología y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (Clarín, 2008).

Jane Haaland, ex secretaria de Asuntos Externos de Noruega y madre de 4 hijos,  es doctora en Filosofía, experta en Política internacional, miembro del Consejo Pontificio Justicia y Paz, consultora del Consejo Pontificio de la Familia e integró la Delegación vaticana en la Conferencia Mundial de la Mujer en Pekín. Reflexionaba ella acerca de la situación de “millones de madres atrapadas entre las exigencias de un trabajo organizado a la medida de los hombres y las exigencias que se derivan de la maternidad”. En “El tiempo de las mujeres” planteaba que Si se reconocen las diferencias entre hombres y mujeres, las madres tendrán derecho a unas condiciones en su vida profesional diferentes a las de los hombres. Se trata de un planteamiento absolutamente radical que muchos hombres, sin duda, no compartirán”.

Buscar horarios y condiciones de trabajo adecuados a la mujer, que tiene doble agenda y atiende una profesión y un hogar. “Las empresas deberían jugar un papel más importante en la ayuda de las mujeres para que puedan armonizar trabajo y cuidado de los hijos. Los relojes biológicos no paran…” (Anne Summers, Cumbre Nacional de Población en Melbourne, Australia, 2002).

Desde un planteo de RECIPROCIDAD, entendemos así a varón y mujer, valiosos en la igualdad y valiosos en las diferencias.

RECIPROCIDAD MUNDO LABORAL-PAPáS

En ese marco de conciliación y de reciprocidad, entenderemos a su vez que el varón necesita también una licencia laboral por paternidad más larga que los dos días que le otorga la legislación en numerosos países (algunos, en Europa, ya han cambiado por permisos más largos para el padre, hasta de 6 meses). Porque el varón tiene derecho a recibir al nuevo habitante del hogar, vivirlo y abrirle paso a la vida que inicia, a la par que ayudar a la madre (su esposa, su compañera) a atenderlo, organizarle el nuevo hábitat, hacerle espacio a ese bebé.

“Lo que ha pasado es que la mujer ha salido al mercado laboral y que el hombre no ha entrado en la casa”, decía hace unos años la doctora Nuria Chinchilla, directora del IESE de la Universidad de Navarra, e impulsora de las Empresas Familiarmente Responsables (un concepto diferente y en ciertos aspectos, superador de la RSE y de las empresas family friendly). Ciertamente; hay aspectos donde el varón ya está plenamente comprometido dentro del hogar, y otros donde todavía la reciprocidad con la mujer le pide que dé unos pasos más. Pero, en el caso específico de la llegada de un bebé a casa, la legislación tiene una deuda con el varón. Necesitamos una legislación que comprenda que son papá y mamá, juntos, en el hogar, los que están haciendo nido para el nuevo integrante de la familia. Papá, que tiene derecho a la ternura, a gozar de su nuevo hijo. Papá, que tiene deber de auxiliar a mamá es un momento donde la mujer (que recién dio a luz y cuyo cuerpo se reacomoda después de 9 meses de ser dos, y que puede tener ya a otros pequeños habitantes, hijos, a los que también atender…) necesita de la ayuda, serenidad, presencia y apoyo emocional del esposo.

Así, algunos de los grandes desafíos de nuestro tiempo son volver a unir familia y trabajo. Hacer que el hombre (durante milenios, relegado a la vida laboral, a la lucha, a ser el proveedor) “retorne” al hogar, un derecho suyo, de su mujer y de sus hijos. Lograr empresas familiarmente responsables, que muestren efectivamente ese cambio de paradigmas que proponía Cristián Conen desde el Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, en Buenos Aires, para poder pasar de una realidad donde la “normalidad laboral es exclusivamente masculina” a un patrón de “normalidad laboral complementaria masculino y femenino”. Pasar de la “indiferencia empresaria a la familia del empleado” a la “integración familia / trabajo”. Un principio para ello será dejar de considerar “recursos humanos” para hablar de “personas que trabajan”. Dejar de ver a la familia como cuestión meramente privada, decía Conen, “para ver a la familia como cuestión de interés público prioritario. Y pasar de las políticas sociales de familia a las políticas de estado de familia”.

Porque RECIPROCIDAD es amar comprometiendo el cuerpo y el alma en un proyecto común donde los dos pueden SER plenamente. No hace falta ser expertos en economía o legislación para entender estos derechos, sino aprender a ser DOS, repartir y compartir las dulzuras y los trabajos que ese nuevo hijo trae a casa. Y exigir que el mundo laboral y las legislaciones se adecuen a estos derechos. Para lograr una sociedad más humana, donde varón y mujer seamos cada vez más personas y menos engranajes.  

 

(*) Coordinadora de Comunicación y Vinculación en el Proyecto de Reciprocidad “Ish-á” / Instituto de Formación, Universidad UPAEP, Puebla, Mx.

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03/07/2014