Ish-á. Proyecto de Reciprocidad

 

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La reciprocidad: una clave hermenéutica para la terapia familiar sistémica



 

Verónica Toller

La Terapia Familiar Sistémica es una herramienta de vanguardia para el abordaje interdisciplinario de diversos conflictos y situaciones que se plantean en el seno familiar. Para analizarnos desde distintas ópticas, unos 800 participantes se dieron cita la semana pasada en la sede de la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), de Guadalajara, México, donde tuvo lugar el Congreso Internacional de Terapia Familiar. Estuvo patrocinado por la Red Europea y Latinoamericana de  Terapia Familiar (www.relates.org), que asocia escuelas en ambos continentes, y fue co-organizado por el Instituto Tzapopan y la Maestría de Terapia Familiar Sistémica de UNIVA.

El tema central fue "Prácticas Sistémicas desde Iberoamérica: Contextos, Escuelas, Modelos”. “Desde una mirada sistémica, entendemos la importancia que la familia tiene para todos los individuos”, expresó en su saludo inicial el Rector de la UNIVA, pbro. Licenciado Francisco Ramírez Yáñez. Por eso, quieren “hacia ella dirigir nuestros recursos primordialmente, sin olvidarnos que el abordaje se realiza en diferentes contextos, clínico, escolar, sanitario, social, organizacional y recientemente, en los procesos de mediación”.

 

Reciprocidad y otros abordajes

 

La doctora Rocío Figueroa Alvear, teóloga peruana radicada en Puebla y Coordinadora General del Proyecto de Reciprocidad Ish-á en la Universidad UPAEP, fue invitada a exponer acerca de “La reciprocidad: una clave hermenéutica en la terapia familiar sistémica”. Las jornadas, que se realizaron los días 18,19, 20 y 21 de junio, contaron con numerosos expositores de México, Italia, España, Chile, Argentina, Perú. En los talleres simultáneos, se abordaron, entre otras, cuestiones sobre estrategias de intervención terapéutica en ofensores sexuales, contextos del coaching y la psicoterapia, los temas de espiritualidad en Terapia Familiar, atención terapéutica integral para familias en convivencia con el autismo, equilibrio de vida personal y laboral, cómo integrar las emociones, construcción de relatos para la investigación en familias, cómo supervisar de manera efectiva, vínculo y migración: las relaciones parento-filiares a través de la distancia, terapia familiar sistémica a familias víctimas del terrorismo, la infidelidad conyugal, el abordaje del rencor, intervención terapéutica en adolescentes y adultos con trastorno alimentario, resolución de incesto.

 

Una antropología adecuada para la psicología

 

“Me parece importante el aporte que puede dar una antropología al desarrollo de la psicología, pues considero también que una antropología inadecuada puede perjudicar a su vez a la psicología, pues puede dejar de lado ciertas dimensiones fundamentales del ser humano –expresó Rocío Figueroa al inicio de su conferencia-. Una antropología que reduzca al hombre solo a su dimensión biológica o química, o solo cognitiva o conductual, será siempre insuficiente. Se necesitará una antropología que aporte la complejidad y misterio del ser humano tanto en su dimensión biológica, psicológica y espiritual, pasando por sus dimensiones fundamentales de relación consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Una antropología que mantenga en tensión las paradojas humanas entre pequeñez y grandeza, condicionamiento y libertad, naturaleza y cultura, sexo y género, dimensión personal y social, inmanencia y trascendencia, unicidad y relacionalidad, tensión a la felicidad, el amor y la esperanza”

            Y encuentra Figueroa que esa perspectiva antropológica positiva puede estar dada por la filosofía personalista, la cual puede aportar significativamente a la terapia sistémica. “Puede ofrecer principios para dar un fundamento profundamente humano y teórico a la psicología”, sostuvo, ya que (como sostiene Burgos en “Personalismo y psicología”), el personalismo insiste “en la centralidad de la relación en la constitución de la persona y que, por lo tanto, puede aportar una base antropológica sólida para el desarrollo y profundización de las teorías sistémicas”.  

La terapia sistémica trata de ver al “yo” en relación, dijo, y justamente por eso, “creo que tiene la gran oportunidad de invitar a este nuevo humanismo donde el ser humano no se entiende sin los otros y donde tanto lo negativo como lo positivo se genera sobre todo en las relaciones familiares y sociales”. Observar al ser humano en su más sana interacción “no hace sino tocar el meollo del núcleo de la persona –agregó Figueroa-. Considero que la terapia sistémica rescata el gran impacto que puede tener en nosotros la familia, el ambiente, la escuela, los amigos y la sociedad en general”.

Nuevas problemáticas, nuevas relaciones

El siglo XX y XXI han sido testigos del cambio más radical en lo que se refiere a la relación varón y mujer. Estos nuevos estilos de relación requieren planteamientos novedosos y modelos que puedan generar relaciones sanas y constructivas”, puntualizó la Coordinadora del Proyecto de Reciprocidad UPAEP. Y abundó sobre las dificultades actuales en la relación varón-mujer, tanto fuera como dentro de la familia:

-          Continuidad de paradigmas del pasado (en América Latina sigue arraigada una fuerte cultura machista, con un discurso de poder masculino y dominación  que continúa insistiendo en roles rígidos en desmedro de la mujer).

-          Obstáculos en la relación de la mujer con el varón, sobre todo en el ámbito urbano, donde la mujer ha ido conquistado su identidad y ha logrado desprenderse de los roles rígidos que la confinaban al ámbito privado. En algunos casos, la mujer asume una actitud defensiva, conflictiva o de lucha frente al varón. Frente al cambio de actitud femenina, la relación entre ambos se vuelve más desafiante, porque el varón tiene a un a la misma altura con quien dialogar y con quien ya no puede establecer dinámicas de poder. El día de hoy, nos encontramos con una pareja bicéfala que no pocas veces tiene dificultades en afrontar un liderazgo común desde un “nosotros”.

-          Ante esta nueva situación de la mujer, nos encontramos también con un problema en la identidad del hombre, quien no pocas veces ha perdido el rumbo y tiene que buscar otra dimensión identitaria, pues no puede ya definirse y valorarse a sí mismo por ser el “sustentador o la cabeza de la familia” como funcionaba antiguamente, y que debe repensar su identidad en términos de “paternidad” para tener una mayor presencia en el interior de la familia y convertirse en un real apoyo a la mujer.

-          Al mismo tiempo, en algunas familias, hay un abismo generacional, donde padre y madre comparten una perspectiva machista y desigual en su relación, y la nueva generación de hijos crece en un ambiente y una sociedad donde el modelo anterior ha ya caducado, pero al mismo tiempo no han sido educados por sus padres en una valoración tanto del hombre como de la mujer en la igualdad y en la diferencia.

-          La historia de la minusvaloración femenina ha llevado a la perspectiva de género a insistir mucho sobre la igualdad entre el varón y la mujer, pero algunas veces ha dejado de lado las diferencias existentes que no son necesariamente debidas a la construcción cultural sino a una tendencia flexible y cambiante de un género o el otro que no nos determinan pero que sí influyen realmente en las relaciones entre los hombres y las mujeres.

-          Paralelamente, muchas veces a las mujeres les gusta volver a los roles tradicionales, «un proceso de reapropiación y construcción de sí a partir de la herencia del pasado. (…) La maternidad da sentido y alegría a la vida, enriquece la vida emocional de las mujeres» (Lipovetsky, “La tercera mujer”).

“Frente a esta problemática presentada, me parece importante proponer un modelo de relación que no esté basado en las luchas de poder entre lo femenino y masculino y que pueda más bien contemplarse desde una relación que enriquezca a cada uno de sus miembros –avanzó Figueroa-¿Existe alguna clave que pueda ayudar a evitar una discriminación hacia la mujer, respetar la igualdad y también las diferencias, y proponer un modelo de interacción que realice a la persona en sus relaciones humanas? Creo que hoy es necesaria una perspectiva que ayude tanto a la identidad femenina como a la identidad masculina. Una clave que hemos estado desarrollando en la Universidad UPAEP es el concepto de “reciprocidad” en la relación varón y mujer”.

          La reciprocidad, dijo, “quiere mostrarse como una propuesta frente a una minusvaloración de la mujer, o frente a una homologación entre lo femenino y lo masculino, o a una perspectiva simplemente de “complementariedad” que podría entenderse como “un necesitar del otro, si no se es completado”. Quiere sostener la igual dignidad del hombre y de la mujer pero, al mismo tiempo, afirmar las diferencias en la asimetría de la relación. (…) Por un lado, mientras las perspectivas de género han tenido como fortaleza el reconocer el valor femenino, hoy necesitamos un modelo de relación que supere los anteriores de machismo y feminismo para llegar a una relación recíproca. Pasar al modelo de reciprocidad, donde la comunión entre el hombre y la mujer es más que la suma de las partes, porque se crea un “nosotros” que lleva la riqueza de lo femenino y de lo masculino y donde la mujer enriquece al hombre con sus características y los hombres enriquecen a las mujeres con sus perspectivas”.

          Citó a Virginia Satir cuando plantea que la terapia debe ayudar a derrocar el mito de la igualdad: «Hay otro mito que corrompe y destruye el amor, y es que éste significa igualdad. “Debes pensar, sentir y actuar como yo lo hago todo el tiempo. De lo contrario, no me amas”. Desde este punto de vista, cualquier diferencia puede representar una amenaza» (V. Satir, Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar). La antropología de la reciprocidad quiere invitar a todos a valorar las diferencias y a comprender la riqueza que ella trae para las relaciones humanas”. 

22/06/2014