Ish-á. Proyecto de Reciprocidad

 

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"siendo Muy Consciente De La Seriedad De Este Acto..."



Verónica Toller

Renunció el Papa. "El shock del anuncio inesperado y sin precedentes en tantos siglos obligará a que pasen varios días hasta asimilar el golpe que conmueve hoy a todo el mundo, católico y no católico", dice Julio Algañaraz, corresponsal de diario Clarín en Europa. Muchas preguntas dieron la vuelta al mundo desde el lunes. Todos nos las hicimos. ¿Qué pasó? ¿Hubo algo inesperado que motivara esta decisión? ¿Tuvo presiones? ¿Puede un Papa renunciar como renuncia cualquier hijo de vecino? Seguramente, cada interrogante irá teniendo su respuesta. Una cosa es segura: el Espíritu Santo guía la Iglesia. Si no, no sería Iglesia. Y siempre tiene un as bajo la manga.

Benedicto lo dijo claramente: no fue una decisión espontánea o del momento. No fue un mandato externo. El diario vaticano L’Osservatore Romano publicó que la idea surgió a principios de 2012, tras el viaje a Cuba y México. O sea, se tomó unos 10 meses meditándolo. Organizando detalles. Preguntando a Jesús cuál era Su voluntad y en qué momento quería que lo hiciera. Un papa no es un CEO de empresa que hace y deshace a su gusto y paladar. Un Papa es un delegado, un representante. El CEO es Otro, y trabaja activamente, a brazo partido, junto con su delegado en la Tierra. Benedicto habló con el CEO, con Dios. Que, además, es su amigo del alma, su amor, su fundamento. Si no entendemos esto, no entenderemos jamás qué pasó ayer.

La RECIPROCIDAD CON EL CARGO y misión donde nos toca trabajar es una reciprocidad de donación, de entrega comprometida y de desprendimiento. Esto nos cabe a todos y el ejemplo de Benedicto ayer ha sido enorme, gigantesco.

DONACIóN: darse sin reservas, sin intereses pequeños. Darse desarrollando a fondo cada capacidad que tenemos para llegar al objetivo. En este caso, Benedicto lo hizo durante casi 8 años. A full.

ENTREGA COMPROMETIDA: no de cualquier forma. No por cualquier razón. La forma es el compromiso total y la razón del compromiso es el Amor.

DESPRENDIMIENTO: trabajar sabiendo que el cargo no es de uno. Que vamos caminando. Que no estamos "para el cargo" o el honor sino que tejemos la historia "a través del cargo", en el lugar donde no toca desarrollarlo. Toda autoridad, todo sitio de responsabilidad y toma de decisiones por encima del resto es solamente una cosa: lugar de servicio. Con humildad (y lo mostró el CEO con la metáfora de lavar los pies a sus discípulos). Sabiendo dar un paso al costado cuando tengamos la convicción de que nuestro momento pasó. Hay que ser muy grande para hacerse pequeño hasta el desprendimiento.

El lunes, Benedicto dio cátedra al mundo sobre esto.

Por lo demás, sí. Hay tela para cortar y cuestiones que analizar. Es cierto que en la Iglesia hay problemas graves (¿es que en algún momento no los hubo?). Es cierto que vivimos tiempos difíciles (¡luminosos tiempos oscuros!). Es cierto que son muchas las presiones de todo tipo, las incongruencias de los propios cristianos, incluso de los que deberían dar el ejemplo. ¿Renunció por eso? No. Y sí. No, porque no es hombre de darle la espalda a los problemas. Y sí: porque es un padre responsable, plenamente consciente de todo lo que sucede y, por tanto, decidido a hacer lo necesario. Y lo necesario, hoy, es dar un paso al costado. Benedicto lo escribió así en su carta de dimisión: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. (…) en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu (…) Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio”.

“Un acto muy fuerte y revolucionario, en línea con un pontificado rompedor”, calificaron. En línea con un Papa que unió la teología profunda con el Twitter. Que tomó al toro por las astas en el terrible problema de los curas pedófilos, se reunió con las víctimas, lloró junto a ellas, expresó "vergüenza y dolor" y encaró "medidas efectivas" para evitar nuevos abusos. Un Papa que realizó gestos históricos como la conciliación con los musulmanes y el Islam para encontrar juntos "un camino hacia la paz". Que definió “las nuevas formas de pecado social”: dañar el medio ambiente, participar en experimentos científicos dudosos y manipulación genética, acumular excesivas riquezas, consumir o traficar con drogas, ocasionar pobreza, injusticia y desigualdad social. Que clamó contra la avaricia del “capitalismo salvaje”. Que se reunió con cientos de miles de jóvenes. Que soportó el Vatileaks y perdonó a su mayordomo. Que escribió y pronunció una extensa y profunda catequesis. Que pidió a la Iglesia ser menos mundana y liberada de privilegios, y que interpeló: «Se ha puesto una confianza quizás excesiva en las estructuras y en los programas eclesiales, en la distribución de poderes y de funciones; ¿pero qué sucederá si la sal se vuelve sosa?» (Lisboa, 11 de mayo de 2010).

“Lo primero que me llamó la atención en este Papa, en el momento de la elección al papado, cuando corría por el mundo su reputación de Rottweiler y aplicador meticuloso de las normas de la Inquisición, fue su humildad”, escribió desde Italia el asesor científico del proyecto de Reciprocidad-UPAEP, Attilio Danese. “Fueron los pequeños gestos de retirada, casi de disculpa por venir a jugar un papel tan bien hecho por su predecesor, los que me revelaron la belleza de su alma”.

Su retirada de ahora es coherente con lo que dijo en la primera homilía de su pontificado: “No es el poder lo que redime, sino el amor. éste es el distintivo de Dios: él mismo es amor”. Hace dos años, entrevistado por Peter Seewald, respondió: “Cuando un Papa alcanza la clara conciencia de no estar bien física y espiritualmente para llevar adelante el encargo confiado, entonces tiene el derecho y en algunas circunstancias también el deber de dimitir”.

Y lo hizo.

(*) Verónica Toller es Periodista, encargada de Comunicación en el Proyecto de Reciprocidad Ish-á de la UPAEP, Puebla.  

19/02/2013